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María Fernanda Badillo: "El Salvador me abrió las puertas desde el primer momento"

Conversamos con la bella presentadora venezolana sobre su vida en tierra cuzcatleca

by Amanda Rodas

Con más de una década de residir en El Salvador, María Fernanda Badillo sigue teniendo su acento venezolano y su esencia de mujer transparente y llevadera.

“Marifer”, es una dama que encontró en El Salvador el amor de pareja, y el privilegio de ser madre. Con estudios en Publicidad, Mercadeo y Locución, Marifer estuvo por mucho tiempo en la televisión salvadoreña, por lo que su nombre se hace muy conocido en el medio. Hermana de Michelle Badillo, presentadora de ¡HOLA! TV, viene de una familia en donde la alegría y celebraciones son cosas de todos los días.

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“Mi familia es de Maracay y es muy numerosa por parte de mamá, porque ella tiene cinco hermanos más, por eso éramos una familia de fiestas.”, afirma María Fernanda. Su hermana fue más allá, participando en Miss Venezuela. María por su parte, estudió Publicidad y Mercadeo, y sacó su Diplomado en Locución.

“Inicié en Venezuela, en una emisora pequeña. Pero antes de venirme a El Salvador tenía un programa de radio con mi hermana “Las Badillo en acción” nos divertimos mucho, ¡imagínate la química!”,  nos comparte con una enorme sonrisa.

A su esposo, lo conoció en una galería de arte por medio de su trabajo: “Vendía los discos de su disquera Latin World. Pero todo fue una cita a ciegas. El dueño de la galería, Francois Guerin, nos arregló una cita a ciegas. Y como yo vendía sus discos, eso fue lo que nos abrió la conversación, fue súper chévere. La verdad, desde ese momento me impactó y me llamó mucho la atención, me pareció guapísimo y pues encantador (Risa nerviosa)”.

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Como fanática de los retos, no le importó trasladarse a El Salvador cuando Samuel se lo propuso para casarse: “Todo muy lindo. En el caso de la familia de mi esposo, ellos fueron muy abiertos, muy buena gente conmigo. Me abrieron las puertas desde el primer momento.”, afirma la venezolana, a 10 años de matrimonio.

Hoy, siente el cariño de los salvadoreños, que la han recibido con los brazos y el corazón abiertos: “Son muy nobles, de buen corazón, reservados con su vida, y yo soy venezolana y soy abierta con mis cosas, a veces demasiado” (Risas).

Con sus dos pequeñitos, Samuel y Ema, ha sido todo un proceso de aprendizaje: “Desde el momento que él me utilizó como instrumento para dar vida a otro ser humano, eso es un milagro y gracias a él mis hijos están sanos también.”, afirma.

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Para ella, Dios ha sido el centro del universo y el secreto de la unión de su familia: “Gracias a Dios, ahora tengo paz, me siento plena y me siento muy feliz y agradecida”, asegura.

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