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Nicaragua

Nadia Vado de Montealegre nos presenta a su familia

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by Fátima Arellano

Una hermosa sonrisa, espontánea y sincera antecede un cálido abrazo. Pocos minutos han bastado para reconocer la bella personalidad de Nadia. Hace mucho calor en nuestra capital, y aunque su casa es muy amplia con exteriores, nos invita a pasar a una sala más privada para conversar más a gusto.

“Yo no sé cómo vas a contar mi historia”, nos dice entre risas. “Vamos a pasar un par de horas conversando y sé que valdrá la pena porque mi esposo y yo hemos querido dar testimonio de las cosas que nos han pasado, desde nuestro noviazgo hasta el día de hoy con nuestros hijos”.

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Esta joven madre, confiesa entre lágrimas que admira y respeta a sus hijos por todo lo que han vivido. “Mis tres hijos son como mis maestros, especialmente los dos mayores.   Los niños te enseñan si prestas cuidado a lo que hacen y dicen.”

Nadia conoció a Julio en un seminario del Banco Mundial, en donde él era el facilitador. Cuando lo conoció, recuerda, lo vio guapo, sin intenciones de algo más en ese momento.

¿Al cuánto tiempo se hicieron novios?

A la semana. Julio es mi pareja espiritual. Encontré en él un compañero del alma.  A los tres días de nuestra primera cita, hice un viaje a Costa Rica, con el padre Joselito. Íbamos a un retiro y antes de irme, me envió un ramo de rosas. Ya a mi regreso, estando en la frontera me llamó y nos fuimos a cenar. Julio me propuso un noviazgo corto, que significó casarnos pronto, pues “no había tiempo que perder”, me dijo.

¿Cómo fue la boda?

Nuestra boda fue muy linda, pero para nosotros lo más importante era tener una luna de miel especial, alli pusimos todas nuestras energías y nos fuimos a Asia. Estuvimos en Singapur, Malasia, Indonesia y Tailandia, casi un mes de luna de miel.

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¿Después de cuánto tiempo quedó embarazada de Julio César?

A los dos meses de casada. Antes de nacer, a los seis meses de embarazo que me hicieron un ultrasonido, el médico me dijo que le miraba una pequeña dilatación en el riñón, nada para preocuparse, pero recomendaba que a los 40 días de que naciera le hiciéramos un ultrasonido abdominal para ver cómo estaba. A los 40 días le hicimos el ultrasonido y nos dijeron que el niño presentaba una megauréter bilateral, que es una malformación en los uréteres. Una doctora oftalmóloga pediatra en Costa Rica lo revisó y a nos dijo: “este bebé está prácticamente ciego, hay que operarlo de emergencia, tiene cataratas en ambos ojos y hay que operarlo ya”.

¿Cómo fue regresar a Nicaragua?

Al regresar a Nicaragua, lo tenía que estimular para que aprendiera a ver. Empecé a averiguar sobre sitios, clínicas o centros y no encontré nada. Me fui a Los Pipitos y me encontré a un ángel, una mujer que atendía a los niños de baja visión. Ella me dijo que tenía que llegar cada 15 días porque no había cupo. Pero hablé con ella, le dije que me atendiera a mi hijo en privado, que se lo iba a llevar semanal a su casa.

Y Julio César hasta el piano toca.

Sí. Él ya tiene seis años, va al Colegio San Agustín, lee, escribe, anda en bicicleta, está en taekwondo y toca piano, todo lo que me dijeron que no haría, él lo hace. Ha desarrollado muy bien el oído. Comenzó a tocar piano a los cuatro años de edad.

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¿Jacob fue planificado?

Nosotros planeamos nuestro segundo hijo. Los médicos nos habían dicho que el caso de Julio César era uno entre miles, y que no obedecía a nada genético. Mi embarazo transcurrió normal y mi parto fue natural. Cuando me entregaron a mi bebé, le detecté las cataratas inmediatamente. En ese momento, se me cayó el mundo. Recuerdo que le dije a mi esposo: “mírame estas lágrimas, son las primeras, únicas y últimas por esta situación, vamos a superar esto”

Joaquín (su tercer hijo) nació sin cataratas

Todos mis partos fueron antes de las 40 semanas. Un día estaba arreglando el cuarto del bebé, y en una de las paredes yo había puesto un cuadrito de la Virgen de Cuapa. Sin ser devota de ella, la puse ahí porque era celeste y combinaba bien con el cuarto. De repente, a cierto ángulo sentí como que alguien me estaba observando fuertemente, sentí miedo, volteé a ver y miré el cuadro de la Virgen. Y sentí que me dijo telepáticamente:“tu hijo va a nacer en mi día y viene con sus ojos sanos”. A las cuatro de la mañana ya estaba en el hospital. A las 6:40 de la mañana, un ocho de mayo, día de la Virgen de Cuapa, Joaquín nació con los ojos perfectos.

¿Por qué Niños 20/20 y cómo funciona?

El nombre apunta a ayudar a los niños a alcanzar la visión 20/20 que es la visión perfecta. La ceguera infantil es prevenible y se puede curar. No hemos transcendido a la educación popular por falta de recursos humanos y económicos. Nosotros deseamos lograr ese alcance. 

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