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La gran artista Lia Campos se despide luego de su lucha contra el cáncer

La soprano costarricense fue maestra y dueña de escenarios ticos donde su voz encantó

by Ana Quirós

Desde tiempos inmemorables cantar se convirtió en un arte y hasta una forma de expresión poética. Cuando la ópera llegó al país marcó un camino poético en los oídos costarricenses y con ello el corazón de Lía Campos, una joven artista de Cartago que después de una lucha contra el cáncer hoy deja su dulce voz para la prosperidad.

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Lia demostró desde muy pequeña sus actitudes para el canto y con ello el camino que surcaría después una de las representaciones ticas con mayor fuerza en la ópera.

Su camino empieza con sus estudios musicales a cargo del cantante y profesor Don Claudio Brenes y después en la UCR en la escuela de Artes Musicales, donde marcó su carrera como soprano.

Uno de los logros de la artista fue su debut en la interpretación estelar de Il Trovatore de Giussepe Berdi a cargo de la Compañía Lírica Nacional, por último y no menos importante la interpretación que tuvo frente a la Estatua Juan Santamaría dirigida por el compositor Jesús Bonilla.

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El camino artístico de Lía dibujó grandes recuerdos y una sonrisa en la cara de sus estudiantes de canto que hoy deja y cuya pasión trascenderá de generación en generación. 

Compartimos con cariño su poema favorito, una oda a la vida, por Amado Nervo.

Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida, 
porque nunca me diste ni esperanza fallida, 
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida; 

porque veo al final de mi rudo camino 
que yo fui el arquitecto de mi propio destino; 

que si extraje las mieles o la hiel de las cosas, 
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas: 
cuando planté rosales, coseché siempre rosas. 

...Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno: 
¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno! 

Hallé sin duda largas las noches de mis penas; 
mas no me prometiste tan sólo noches buenas; 
y en cambio tuve algunas santamente serenas... 

Amé, fui amado, el sol acarició mi faz. 
¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!

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