t

Mujer primero que todo: ¿Cómo atrevernos a ser mujer bajo nuestras propias reglas?

¡Qué difícil es a veces definir lo que significa ser mujer! ¿Cierto?

by Adriana Álvarez Meza

Cuando pensamos en mujer, usualmente se nos ocurren palabras como: amor incondicional, entrega, sacrificio, darlo todo, hacerlo todo, pensar en todos y ponerse de última. Estas palabras y muchas otras son parte importante de las campañas publicitarias para productos de mujer o para celebrar el día de las madres.

Incluso, a veces pareciera que cargamos con ese sacrificio como una medalla de honor que ponemos en nuestro uniforme, como algo sobre lo cual sentirnos orgullosas, donde entre más sacrificadas y más entregadas más mujeres somos, y más mujeres merecemos ser. Toda una vida de sacrificio para que el día de nuestra muerte, nuestros allegados y amigos puedan decir que fuimos “santas”, que “todo lo aguantamos” y así, con el beneplácito de la sociedad, tantos años de sufrir en silencio se coronan con nuestra beatificación por parte de los demás.

Sin embargo, ¿Debería ser así? ¿Por qué nuestra vida debe ser una de sacrificio para ser consideradas mujeres, mientras que a los hombres no se les pide lo mismo? Ellos pueden disfrutar, salir, trabajar, ser líderes, luchar, pueden no querer hijos (y nadie los considera egoístas), pueden no casarse nunca (y nadie piensa que tienen algo malo), pueden no dedicarse a tiempo completo a sus hijos (y no son considerados malos padres)…

¿Por qué será que se nos mide con dos varas distintas? ¿Por qué nuestro valor como mujeres radica en nuestro nivel de entrega y que tan últimas nos pongamos en la lista? ¿Por qué nosotras mismas perpetuamos esa creencia?

Yo debo admitir que fui de esas, de darlo todo por los demás, sufrir en silencio y esperar (in)pacientemente por el reconocimiento a ese sacrificio, a mi entrega y dedicación. Hasta que un día, cansada de no recibir lo que yo en mi mente consideraba era lo justo, exploté…  y decidí que yo iba a ser la prioridad en mi vida, que iba a ser mujer antes que todos los demás roles y que, de ahora en adelante, viviría bajo mis reglas.

Me preparé para la batalla, pensaba en que todos a mi alrededor se molestarían, me dejarían de hablar, o me reclamarían. Mi sorpresa fue, que nadie se dio cuenta. La vida continuó igual. Sólo yo noté el gran cambio en mí porque por primera vez en mucho tiempo, me di permiso de ser yo, y ser feliz.

Fue entonces cuando entendí que, aunque existen “reglas sociales” sobre lo que debe ser una mujer, en el fondo, cada una de nosotras podemos hacer nuestras propias reglas, y atrevernos a ser egoístas y pensar en nosotras mismas. Tenemos que entender que no podemos dar lo que no tenemos. No podemos dar amor si no nos amamos a nosotras mismas. No podemos darle un buen ejemplo a los nuestros si nosotras no somos felices.

Pensar en nosotras y ser egoístas no es malo, es más bien sano y necesario porque cuando cultivamos nuestro ser interior, crecemos como mujeres y desarrollamos nuestra esencia, seremos más humanas, más vulnerables y más felices… y, por ende, los nuestros también.

Más sobre: