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Tintos, tacones y chupones

No es malo estar sola: casada conmigo misma y disfrutando cada momento

by Adriana Álvarez

Cada vez son más las mujeres que por decisión propia deciden permanecer solteras. Muchas de ellas valientes, ante el repudio de algunos miembros de la sociedad, deciden casarse consigo mismas. La soltería no es sinónimo de soledad, como algunos pueden pensar. Es simplemente la decisión de vivir sin una persona eternamente a su lado.

Vivimos en una sociedad que aún mide el valor de una mujer por la pareja que tiene a su lado. Educamos a nuestras niñas a aspirar a casarse “bien”, esto entendido como un hombre exitoso económicamente que pueda mantenerlas, protegerlas y darles la vida que merecen. Desde la antigüedad el matrimonio era visto como un medio para el ascenso social. Los matrimonios se orquestaban entre los padres para ganar dinero, conquistar países, e incluso asegurarse una buena posición social. La mujer se vendía al mejor postor.

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Sin embargo, los tiempos cambian; la mujer ha ido logrando la igualdad y se va desarrollando como ser individual que es. Cada día son más las que estudian en la universidad, ingresan al mundo laboral y tienen su propio dinero. De esta forma, la “necesidad” de conseguir un marido se va diluyendo y más bien emerge el deseo de conseguir a alguien completo, que se encuentre en igualdad de condiciones, alguien para compartir la vida.

Lamentablemente, pareciera que entre más están creciendo y desarrollándose las mujeres, lo opuesto sucede con los hombres. Es común escuchar a mujeres profesionales y exitosas preguntarse “¿Dónde están los hombres?” Según comentan, existen hombres solteros, pero no dignos de una mujer trabajadora y esforzada. Algunos poco estudiados, otros considerados como poco trabajadores. Mujeriegos, fiesteros o inmaduros. Otros catalogados como machistas, que siguen esperando encontrar una mujer trofeo que los reciba en casa con comida y los atienda al mejor estilo de los años 50’s.

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Por esta razón, existe un grupo de mujeres que prefiere estar solas, a mal acompañadas. Toman la decisión consciente y valiente de no conformarse con menos, y más bien, casarse con ellas mismas. Se han dado cuenta que pueden tener su propio hogar, su propio trabajo y su vida social sin tener que dar cuentas a nadie y disfrutando cada segundo según sus reglas. Pueden o no tener pareja estable o cambiarla a su antojo, disfrutar de una sexualidad plena, disfrutarla como ellas así lo desean, y tomar el control del 100% de sus vidas.

Aunque otras personas puedan criticar sus decisiones, y juzgar su estilo de vida; creo que cada vez más, estas mujeres están seguras de la decisión tomada y la disfrutan realmente de corazón. Han encontrado el secreto a una vida plena, que es: ponerse de primeras, escribir sus propias reglas, y vivir su vida sin necesidad de buscar aprobación. Entender que la soledad es un estado de ánimo, no uno físico. De esta forma, si estas mujeres decidieran en algún momento dejar su soltería y compartir su vida con alguien, no buscarán una media naranja, ya que ellas, al ser mujeres completas, buscarán a otro ser completo.

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Independientemente de si estás casada o soltera, divorciada o en unión libre, es importante tomar el ejemplo de estas mujeres, en el sentido de que siempre, nuestra prioridad debería ser casarnos con nosotras mismas, prometernos amarnos y respetarnos, en las buenas y en las malas, en la riqueza y la pobreza, en la salud y en la enfermedad, todos los días de nuestra vida, hasta la muerte.

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