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Ilya de Marotta, multifacética ingeniera panameña en un mundo de hombres

by Elizabeth Cantú

A lo lejos se ve un casco de color rosa. Sin duda alguna esa es Ilya, quien ya es reconocida por siempre utilizarlo. Explica que es un tema que salió de forma espontánea. “La intensión nunca fue hacerlo tan visual, era más un reflejo de logro para mí misma. Un día, conversando con mi esposo le comenté que sentía que el tener un casco rosado podía ser una representación del logro que una mujer estuviera liderando el Programa de Ampliación”.

Cuenta que era como hacer un tributo al logro femenino pero solo lo veía como algo muy personal. El casco llamó mucho la atención y luego se convirtió en un ícono sobre la participación de la mujer en una profesión y en posiciones donde generalmente son asignadas a los hombres.

Nombrada en una posición de muchos retos, Ilya de Marotta desarrolla su trabajo desde la vicepresidencia ejecutiva de ingeniería y administración de programas para la Autoridad del Canal de Panamá. Allí contribuye al crecimiento de la entidad y del personal que labora con ella. Además participa en la International Women’s Forum y Women Corporate Director y pertenece a la Junta Directiva de la Fundación Ronald McDonald.

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Ser una de las líderes en el proyecto de ampliación del Canal de Panamá, fue todo un desafío, aprendizaje constante y acumulación de satisfacciones por la interrelación lograda entre los saberes y las capacidades del personal nacional con el extranjero donde destacaron las fortalezas mutuas.

En sus más de 30 años de carrera profesional, ha ido ascendiendo paso a paso. Siempre ha sido una persona muy responsable y dedicada en lo que se propone. Cree en dar lo mejor de sí misma y promover la credibilidad por medio de sus acciones. Siempre en cualquier trabajo al que haya llegado, ha demostrado su capacidad profesional y a esto atribuye a que se le hayan abierto muchas puertas en su carrera, no sin algunos retos.

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“Todas las oportunidades en mi avance profesional me han sido dadas por hombres, no ha habido mujeres en mi caminar que me hubieran podido apoyar, sin embargo no hizo falta para llegar aquí, no es la regla, es la excepción. Espero poder abrir puertas a mujeres que vengan detrás de mí y estaré eternamente agradecida a todos los que creyeron en mí”, enfatizó la ingeniera Marotta.

Capacidades que vienen reforzadas con su personalidad seria, trabajadora, dedicada y empática, abierta a enfrentar retos. El miedo a las alturas fue uno de esos retos superados como consecuencia de algunas actividades que tuvo que enfrentar durante la ejecución de la obra, al participar en la inspección de la fabricación de las compuertas donde tuvo que subir una grúa de 40 metros de altura, además de acompañar a los fotógrafos del equipo de documentación histórica en vuelos de helicópteros sin puertas, y el haber subido a la torre del Puente Centenario acompañando a uno de ellos.

“Las mujeres tenemos el reto de hacer las cosas bien, el mundo es competitivo, complejo, demandante. Toda mujer debe tratar de hacer lo que la completa y la hace feliz, no tratar simplemente de llenar un rol o las expectativas de otros. Todo lo que uno se proponga lo puede lograr, siempre con el apoyo de otros. Las metas se logran en esta vida con las personas que nos quieren y nos aprecian, y están siempre dispuestas a apoyarnos”, relata con seguridad.

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Para cumplir con sus obligaciones diarias, Ilya se levanta a las cinco de la mañana, hace un poco de ejercicio, lee la Biblia, y se prepara para ir al trabajo. Una vez en la oficina entre reuniones, visitas a proyectos y consultas pasan sus días, en un arduo uso de las horas.

A pesar de sus múltiples obligaciones, siempre está al tanto de su familia, integrada por su esposo Peter Marotta desde hace 28 años y sus hijos Marco, Peter y Andrea; dos hijastros, dos nueras y cinco nietos. Le encanta hacer ejercicios, ir a la playa, tomar fotos o viajar a algún destino nuevo. También busca el tiempo para preparar algún platillo, hacer jardinería o bucear.

Ilya ha desarrollado otra pasión, coleccionar estampillas y búhos. Esta última surgió cuando presenció cuando lastimaban a una lechuza cuando era niña y junto a su familia ayudaron en su sanación hasta ponerla en libertad. Actualmente tiene más de 300 piezas de esa peculiar y hermosa ave.

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